Reseña de "El hombre y el trabajo" en la Revista de poesía "Piedra de Molino"

  • Fecha:12-06-2018
  • Fuente: Revista de Poe´sis "Piedra de Molino"

EN LA INVERNAL QUIETUD DEL TIEMPO

“Quiero, pido, suplico palabras desgastadas/ por el uso y el tiempo como los azadones,/ olor resuelto a encinas/ y dulce pesadumbre de músculos con sueño (…) Para hablar de las eras y el cemento,/ para nombrar los hombres trabajando,/ los hombres por su oficio,/ los hombres y mujeres por sus nudos de sangre”. Con estos versos terrenales y solidarios, se expresaba rotundo Arturo Serrano Plaja (San Lorenzo de El Escorial, 1909) en El hombre y el trabajo. Si bien, en sus primeros devaneos literarios, se mantuvo cerca del grupo que formaban Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo, Javier Echarri… -con quienes incluso llega a fundar “Nueva Revista”-, sus ideales socio-políticos fueron derivando hacia posiciones de izquierda. “Me separé de este grupo por razones obvias. Ellos pertenecían a una clase social adinerada, o más que la mía, e ingresaron en la Universidad (…) Por pertenecer a la pequeña burguesía arruinada, me tuve que separar del grupo”, confesó en su día el propio autor. Y todo esto, y mucho más, relata la edición crítica de este poemario, que cuenta con un excelente prefacio de Raúl Molina Gil. En él, se da cuenta de cómo el advenimiento a las tesis marxistas y su defensa de las tesis republicanas redundaron en el quehacer lirico del poeta madrileño. La renuncia expresa al modelo juanramoniano y la búsqueda de una voz arraigada en lo social, situaron sus textos en un contexto de absoluto compromiso, donde lo ético y lo estético debían confluir de manera armónica. A ello, se refería Serrano Plaja cuando anotaba que la poesía “no puede emanar solamente de una sensibilidad poética por grande que esta sea, sino que está en la calle, en la peor suciedad y en la mayor barbarie, latiendo proyectada hacia un horizonte claro y limpio de su propio y heroico destino”. En El hombre y el trabajo se rinde tributo a los campesinos, a los albañiles, a los pastores, a los ferroviarios, a los carpinteros, a los panaderos, a los mineros, a los zapateros, a los pescadores, a los marineros… Colectivos, al cabo, que vivieron en primera persona el dolor del conflicto bélico y que fueron víctimas inocentes de la barbarie. Serrano Plaja decidió alistarse y participó en diferentes frentes de batalla. Como apunta Molina Gil en su citado prefacio, “se convirtió por voluntad propia en un poeta-soldado o en un soldado poeta, como dijera Machado”. Pero, a su vez, mantuvo su dual condición de intelectual y escritor, y colaboró asiduamente en distintos periódicos y en el agitado ámbito cultural de aquella época. Este cantico humano y común, aspiró a convertirse en una poesía surgida en comunión con el pueblo, es decir, reveladora de una conciencia interior, capaz de alcanzar la esencialidad de un tiempo convulso y complejo. Empero, también, hacerse cómplice frente al sentir de cualquier amante del verso como ejercicio de libertad e integración. Tras la derrota del bando republicano, Serrano Plaja abandonó España y se exilió primero en Francia y Argentina, para finalmente recalar en Estados Unidos, donde ejerció como profesor universitario en Wisconsin, Minnesota y Santa Bárbara. En aquella localidad californiana, falleció en 1979. Quede, pues, aquí memoria de su verbo encendido en esta oportuna y meritoria publicación: “Los hombres del carbón van por las plazas/ mojados por la nieve y acosados/ por un hambre de lobos en inverno./ En la invernal quietud del mundo crece/ la soledad purísima del hombre./ Y el trabajo sereno permanece/ indiferente al frío, vigilando/ el humo que, lentamente espeso,/ levanta su dolor hacia los cielos”.

Jorge de Arco